Cúpula de los Siete Cielos en el Salón del Trono o de Embajadores.
Palacio de Comares
En su "Tratado de la Alhambra Hermética" nos dice el autor, Antonio Enrique:
"Como tantas otras, la teoría de las siete Esferas carece de origen histórico discernible.
Se encuentra su creencia tanto en las civilizaciones más espirituales como en pueblos
perdidos del África que permanecen en la antropofagia, hallándose reminiscencias de
ella en los Upanishad, y otros cánticos del Antiguo Egipto y del Remoto Oriente. Puede
afirmarse, con todo, que fue Pitágoras su sistematizador, y posteriormente Eudoxo de
Gnido y Aristarco de Samos sus divulgadores, adjudicándosele entonces nociones
concretas de física planetaria. Sin embargo, corresponde a la escuela de Alejandría con
su acervo metafísico compuesto primordialmente de infiltraciones, el haber trascendido
la noción de las Esfereas. Así, para los gnósticos, y especialmente Basílides, el mundo
será "un todo jerarquizado y organizado donde la materia no está separada del espíritu
radicalmente; en lo alto reina el espíritu, que es el Logos: el pensamiento divino, que es
consciente de sí mismo; por debajo se extiende el neuma, que es un pensamiento
inconsciente de sí mismo, pero de esencia puramente espiritual; luego está el éter, una
parte diferente, sólo en grado, del alma del mundo material; el neuma es representado
como el alma del mundo que cirucunda el universo terrrestre; el cristianismo le da el
nombre de Espíritu Santo". Y prosigue: "Por consiguiente, las substancias energéticas
envolverían la Tierra según una mecánica trascendente: el Espíritu, material y de átomos
finos muy versátiles, el Neuma, mucho más opaco y exterior a él, el Éter, que se asienta
sobre el neuma, y a continuación el Aire, noción que se aplica al vacio interestelar activado,
para colmarse definitivamente en el Espíritu cósmico, suma increada de todos los
gérmenes de la Creación."
Y continúa, elaborando una argumentación basada en los estudios de Darío Cabanelas:
"Pero, a mi modo de ver, -comenta el autor- el magnífico descubrimiento de Darío Cabanelas
es el haber puesto de manifiesto que las 105 figuras que se esparcen por el Techo, en una
geometría progresiva, según los cánones de Pitágoras (...), parten de los 105 elementos de que
consta la estrella clave, ubicada en el centro superior de la bóveda (...) Geométricamente
105 significa la estrella de seis puntas (en suma pitagórica 1+0+5 son 6), estrella de
David o Sello de Salomón, los dos triángulos invertidos A, el agua y el fuego de la
Creación, correspondiente al signo de la divinidad a la que hace referencia la estrella
clave, enmarcada en la cupulina (tres últimos cielos) o Trono de Dios."
No sé a quien lea esto; a mí me parece impresionante y casi abrumador descubrir este alud
de significados, de símbolos y de conexiones esotéricas. Y me voy imaginando TODO lo
que supone el resto de los Palacios. Y los jardines. Y en mi cabeza se van enlazando,
como siguiendo el ritmo de los atauriques de las paredes, imágenes de la Divina Proporción,
de la Geometría, de los Sólidos, del Corán, del Talmud, de la Biblia, del Templo de
Salomón, de los arquitectos árabes y de los Maestros Canteros, de las catedrales góticas
y de los centros telúricos, de las pirámides de Egipto, de los cultos heliosísticos,... Y más.
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martes, 1 de mayo de 2012
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La de la foto es la cúpula de la Sala de Dos Hermanas
ResponderEliminarLa de la foto es la cúpula de la Sala de Dos Hermanas
ResponderEliminarLa de la foto es la cúpula de la Sala de Dos Hermanas
ResponderEliminarHola! ya me parecia a mi que eso era arte mocarabe!!!!!!!
ResponderEliminarBesos
Fran